jueves, 4 de septiembre de 2008

Filosofía

Recordemos el pensamiento de Aristófanes en “El Banquete” de Platón, respecto al amor: en el principio la humanidad estaba unida entre sí corporalmente. Dos entes formaban un mismo ser y habían tres sexos. Aquél que era hombre-hombre, mujer- mujer y hombre- mujer. La humanidad hizo enfurecer a los dioses y estos causaron nuestra división, condenándonos a buscar nuestra otra mitad por toda la eternidad…

Quizá este bello discurso poético nos da también una respuesta al origen y el por qué de la filosofía. Pensemos en los símbolos: hombre- mujer contenidos en un mismo cuerpo y cambiémoslos por los siguientes: humano- naturaleza, o quizá humano- realidad. Desde que somos expulsados del paraíso del vientre materno (en donde somos uno con la madre: hombre- mujer, mujer- mujer como lo describe Aristófanes. En este caso la madre es la realidad) nos encontramos divididos, expuestos a una nueva existencia con la que no tenemos ningún vínculo aparente. Los dioses nos han dividido. Y nos condenan a encontrar de nuevo la unión, el completo entendimiento, la conciencia plena de esta nueva realidad…
Y ésta es quizá la función y la razón de existir de la filosofía: volver a vincularnos con la madre, que es la realidad.
Que es Dios.
Que es la vida.

lunes, 1 de septiembre de 2008

Filosofía Antropológica

Creo profundamente que lo que diferencia al ser humano del animal, no es la libertad ni la conciencia del yo. Sino el uso de la libertad y la relación del sujeto con su realidad. ¿Quién no, sino el ser humano, el único capaz de traicionarse así mismo? ¿De actuar contrariamente a lo que piensa, por voluntad propia? Esto es algo demasiado humano, exclusivo de él. ¡Pero atención! Que no pronuncio estas palabras declarando que el máximo patrimonio de la humanidad sea la traición, sino la capacidad de contradicción: el enorme potencial de ser tesis y antitesis al mismo tiempo, y más bello aún: en la unión de lo que se es y de lo que no se es, de lo que se piensa y no se actúa… De unificar realidades irreconciliables y obtener la capacidad de llegar a formar una síntesis. Una entidad inigualable. Un Yo paradójico y complejo que es pero tampoco es.
Y luego entonces, cuando el ser humano deja de ser una realidad concreta como el animal… se convierte en símbolo.
En concepto.
En abstracción.
Y termina, como siempre, siendo una pregunta sin respuesta.